De Sonora a Las Vegas

El segundo capítulo narra los primeros años de Jesús Aldahir Salazar en Las Vegas, marcados por el calor extremo del desierto, la incertidumbre y los sacrificios del migrante recién llegado.

3/6/2026

Capítulo 2: De la mina a Las Vegas

El camino de perseverancia de Jesús Aldahir Salazar

LAS VEGAS, Nevada.- La historia de Jesús Aldahir Salazar del Villar es un claro ejemplo del "Sueño americano" forjado bajo el sol inclemente del desierto.
Hoy, a sus 50 años y con la ciudadanía estadounidense en mano, Jesús recuerda los días en que la incertidumbre y el calor de 48°C eran sus únicos compañeros de jornada.
Su inicio estuvo marcado por la hostilidad del desierto.
Jesús llegó a Las Vegas con los bolsillos vacíos pero con una meta clara:
Ayudar a sus padres en Nacozari y sacar adelante a su familia en Cananea.
Su llegada coincidió con el brutal verano de Nevada, donde las temperaturas alcanzaron los 48°C, un choque climático que describió como "impactante".
Sin un hogar propio, su primera estancia fue el sillón de la sala de un pariente.
"Esos 15 días no dormí, no por la incomodidad, sino por la pendiente de no saber qué pasaría al día siguiente", rememoró con nostalgia.
Su desarrollo en esta primera etapa estuvo marcado por el contraste económico.
Su primer empleo fue como ayudante de electricista en la empresa "Pedro’s Factory", apoyando a especialistas también mexicanos.
Aunque su sueldo era de apenas 8 dólares por hora —uno de los más bajos en la escala local—, para Jesús representaba una fortuna comparada con su experiencia previa.
"Para mí era mucho dinero comparado con el sueldo que tenía en una mina en Nacozari, a pesar de que allá no era tan mal pagado", explicó Salazar.
Pero eran unas rutinas de sacrificio.
La disciplina fue su herramienta de supervivencia.
Cada mañana, a las 5:00 AM, compartía un café caliente con su sobrino antes de que la camioneta del patrón, Juan Pedro, pasara por ellos.
Lo que seguía era un trayecto de casi dos horas antes de siquiera empezar la jornada laboral.
Todo porque la obra estaba lejos.
Ese primer trabajo fue un triunfo compartido.
Este proceso de adaptación no fue solo un reto individual, sino una prueba de resistencia para sus seres queridos en Sonora.
Tras años de lucha, la obtención de la ciudadanía marca el cierre de un capítulo de carencias y el éxito de una apuesta que comenzó con una maleta llena de esperanza y un sofá prestado.

Mañana: El forjado de una nueva vida